pensamiento·17 de septiembre de 2026
Empecé a esperarte mucho antes de saber que no ibas a volver
Cada tarde, la misma mesa
guardaba para ti una silla
que nadie se atrevía a ocupar.
El café se enfriaba mientras
la ciudad envejecía detrás
del cristal.
A veces alguien cruzaba
la puerta con un perfume
parecido al tuyo,
y durante unos segundos
el tiempo regresaba para
corregir su error.
Nunca supe si te esperaba a ti…
o a quien yo era cuando
estabas cerca.
Porque hay amores que
no sobreviven al tiempo:
son ellos los que enseñan
al tiempo a esperar.
Si has llegado hasta aquí, probablemente sea por una de estas.
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