recetas·24 de abril de 2026
Fuego elegante
Agradezco cada momento que viví…
incluso aquellos que dejaron una huella ardiente en mi pecho.
No fue dureza, fue transformación.
En cada decepción hubo una pequeña llama,
en cada silencio, un deseo contenido de ser más…
no para demostrar, sino para alcanzarme.
Este cóctel no arde de golpe.
Se calienta lentamente, como brasas vivas bajo la ceniza.
Su aroma es ámbar oscuro con un toque de pimienta negra.
Su música, una cuerda de violín tensada,
que no se rompe… pero vibra.
Aprendí que la gratitud no es frialdad, es energía disciplinada.
Agradecer lo vivido y permitir que ese fuego
me impulse un paso más hacia mi madurez.
En mí habita una pasión que no grita,
un deseo que no se exhibe,
un fuego que no pide ser visto… pero sabe iluminar.
El fuego que no me quemó… me enseñó a arder con dignidad.
Si has llegado hasta aquí, probablemente sea por una de estas.
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